<empty>

EFECTO TABANO

___________________________________________________________________________

CLARÍN.COM

___________________________________________________________________________

LA NACION 01

LA NACION 02

___________________________________________________________________________

PÁGINA 12

___________________________________________________________________________

BIEN AHI

___________________________________________________________________________

Sudamérica sampler

Por Diego Oscar Ramos

Radicado hace más de veinte años en Brasil, Ramiro Musotto es percusionista en un país de percusionistas, en el que desde que comenzó su carrera solista lo llaman "el nuevo milagro argentino". A punto de presentar en Buenos Aires su nuevo disco, Musotto explica que el pulso central de su música sigue estando en construir puentes orgánicos entre la electrónica y las manifestaciones rítmicas de la Sudamérica tribal, de los ritos del candomblé al canto de niños indígenas guaraníes.

En Salvador de Bahía todos son hijos de Orixás, aunque hayan nacido en Bahía Blanca, como Ramiro Musotto. A los 18 años Musotto partió a Brasil para estudiar percusión allí donde los multipresentes atabaques del candomblé hablan de una tradición cultural y religiosa que se respeta hoy y seguirá respetándose siempre. Como Carlinhos Brown, uno de sus artistas admirados, Ramiro incorpora los cánticos rituales a lenguajes musicales actuales haciendo una música que alguna vez calificó como junguiana. "Es como si fuera colectiva, anónima", explica. "Una vez un amigo bahiano que es una autoridad del candomblé me dijo que la música que habíamos hecho era como si incluyese muchas personas que no estaban en el escenario, tal vez de generaciones anteriores", dice desde su casa en Bahía, donde arma collages sonoros en los que toca sobre voces que lo fascinaron, generalmente ligadas a ritos de trance. "Mi amigo se refería al concepto afro y amerindio del ancestral", aclara. Y da una clave: "Es importante mantener el link con el pasado: los temas y sonidos que elijo son como música de sentimientos colectivos, que nos incitan a congregarnos, a juntarnos sobre una emoción compartida. Y lo interesante es que se dé mediante el uso de la tecnología, es la paradoja y la gracia".

VOCES MUSICALES

"El cacique guaraní Timoteo, un indígena argentino de Misiones que vive en una aldea cerca de Angra dos Reis, me prestó su grabación con niños de su aldea, con cantos que le enseñó su madre", cuenta Ramiro, que en cada disco va incorporando sonidos de una colección personal en la que atesora registros que usa en vivo, o guarda hasta que algo le diga que llegó el tiempo de darles más música. Por ejemplo, en el tema "Gwyra Mi" comparte el regalo del cacique superpuesto a un discurso del Subcomandante Marcos sobre la causa indígena que encontró en Internet y que le generó un conflicto que solucionó la música. "Después de mucho collage, quedó como imaginaba. Pero lo mostré a algunos amigos totalmente metidos en política y todos sin excepción me sugirieron sacar la voz. Me decían que para qué me iba a comprometer con eso, que su imagen estaba saturada. Intenté encontrar otras voces sobre la causa indígena, pero no tenían musicalidad y lo que había logrado sonaba bien, aparte de lo político que implicaría. Entonces lo dejé."

MILAGRO ARGENTINO

"Debe ser por lo insólito de destacarme como percusionista en Brasil siendo argentino, como un bandoneonista carioca", explica Musotto sobre su apodo de "milagro argentino", como lo suelen denominar en Bahía. Es algo que da gracia aunque no se considere un caso insólito, porque "el samba y la percusión brasileña cada vez más son menos privilegio de los brasileños", apunta. Y explica: "Doy clases de berimbau, batucada y samba-reggae en Suiza, Francia, Suecia y Finlandia, donde vi excelentes batucadas y grupos de samba sin ningún brasileño. Porque se está transformando en una música universal como el rock, que antes era sólo de negros". Es más, Musotto presagia una evolución universal de la MPB: "Creo que los propios brasileños van a ser influenciados por la batucada posmoderna europea". Fue en Francia donde él mismo formó parte de esta evolución al crear la Berimbao Modern Orchestra, una formación de 12 berimbaus afinados que pueden oírse en la apertura del flamante disco Civilizaçao & Barbarie. Es el que Musotto, que toca percusiones y electrónica, presentará en Buenos Aires junto a su Orchestra Sudaka.

PERCUSION EMOCIONAL

"Un buen percusionista tiene que tener huevos, cerrar los ojos y viajar. Dejar el alma en el escenario, tocar con enorme placer, rabia o vuelo. Tiene que conocer bien una tradición musical, que le formateará la cabeza para entender y respetar las otras, y moldeará su musicalidad hacia la tradición que le interesa, alejándolo de la tentación técnica", detalla Musotto, que les dice a los que tocan sólo con técnica que se dediquen a las demostraciones circenses, porque lo valioso es la emoción. Hoy dice sentirse más cerca de la música que de la percusión en sí. "No siento esa necesidad tremenda de tocar un instrumento. Puedo estar un mes sin agarrar un palillo, pero ni diez minutos sin pensar en música", explica. "Estoy todo el día tocando cosas imaginarias con los dedos, mis manos nunca paran. A veces estoy hablando de una cosa y pensando en un ritmo recomplejo que no me sale, como ahora mismo." Ramiro se ríe y cierra la idea: "Me ponés una compu con una buena silla y estoy un mes programando, reciclando grabaciones o sampleando".

CORTAR Y PEGAR

Ramiro toca percusiones y corta y pega sonidos en su computadora desde siempre, también cuando creaba en los estudios patrones rítmicos y diseños sonoros para gente como Caetano Veloso o Daniela Mercury, por sólo tomar los dos opuestos de la larga lista de músicos brasileños con los que ha colaborado. Luego de tanto producir, sorprendió a todos con Sudaka, su primer disco, en el que convirtió el pregón de un botellero de su Bahía Blanca en canto dance, además de hacer bailar con el canto de una tribu pigmea. Una línea de trabajo que continúa en Civilizaçao & Barbarie. "Las primeras ideas salen de la computadora", confiesa. "Luego paso a estudios grandes a grabar cosas acústicas como voces, berimbaus, percusiones, tambores, cavaquinhos. Y después vuelvo a la computadora para retocar todo y poner teclados." Si bien su nuevo CD iba a ser doble, Musotto se concentró en 10 temas que fue desarrollando casi simultáneamente, para que hubiera una idea clara de unidad en este disco con título de inevitables ecos sarmientinos. Pero Ramiro corta y pega elementos que la cultura separa, jugando como los chicos, que ven todo unido, como enseñan los tambores.

__________________________________________________________________________

Mitos sonoros

Meditación sobre Sudaka

por GUILLERMO DAVID

Una constatación.

La modernidad ha acarreado tal distanciamiento con la naturaleza de las cosas que nuestro vínculo con el pasado cultural parece haber arribado a un estadio límite en el que al asociar las formas al ensueño de un eterno presente propio del fetiche mercantil, elide la historicidad y aplana los sentidos vitales -con su poderío de revulsión y remoción- que puedan acunar las tradiciones. A su vez, la desacralización del mundo de la vida propinada por los orbes avasallantes de la tecnología y las burocracias del saber comporta la pérdida del aura que diseca y banaliza el objeto bello en el proceso de su reproducción mecánica.

Decir esto no es más que una mera constatación. Mas estos lugares comunes de la crítica que sugieren una situación sin retorno o con escaso sitio para el diálogo entre épocas y geografías culturales diversas sufren una fuerte impugnación en sus dictámenes más previsibles cuando un artista de la talla de Musotto hace revivir voces y sonidos olvidados bajo la forma del atavismo, el pastiche, la cita, la memoria perdida recobrada del azar de los mitos sonoros depuestos, que vueltos a la vida en una nueva e impensada articulación electrónica, adquieren una rara pregnancia presente, una actualidad prístina que los torna universales. Veamos.

El mito admite simulaciones de distinta índole, solo factibles por el demonio de la analogía de sus elementos constitutivos; sus desplazamientos, cuya ley esconde la de las sociedades, construyen metáforas que resuman múltiples, elusivos significados. De ese modo, un haz de secretos núcleos metonímicos iluminan los sentidos sociales que interpelan lo real desde la serialización, en apariencia destinada a ocultarlo. Pero la paradoja del arte en estas condiciones es que aquello que haría de su esencia el recuerdo ignoto de una lejanía - su secreta clave de bóveda- deviene potencia actual cuando se la conjuga con sabiduría en las articulaciones de la panoplia tecnológica. Todo ello sucede en Sudaka , opera prima de Ramiro Musotto, quien, en los entresijos de las músicas y las palabras, propias y ajenas -apropiadas, enajenadas y reapropiadas-, ha descubierto el secreto y trasegado la magia de las estirpes más recónditas que palpitan en el corazón de la América india, africana, gaucha, paisana, europea, urbana y rural. Mixtura elocuente que traduce e interpreta en el revoltijo melodioso de sus ritmos arracimados.

Con este disco estamos en presencia de un hecho cultural singular. Sudaka no es solo música; se trata de un complejo pensamiento sonoro que concede a los mitos el lugar de la verdad reveladora de un núcleo duro y esperanzador en el que anida la potencia redentora de nuestras sociedades.   El pastiche con el canto de los indios xavantes de la Amazonia; el diálogo con la música de un film no menos mítico, Dios y el diablo en la tierra del señor , de Glauber Rocha; la inclusión de cantares esotéricos, indescifrados, de niños pigmeos; la endecha propalada por megáfono de esa rara poesía repentista, involuntaria e inactual, de un botellero de Bahía Blanca - su tierra natal, mi terruño- que anuncia sus mercancías en las calles de las barriadas populares, remiten a un proceder de actualización propio del mito, cuyo remozamiento consiste en admitir sus propias contradicciones sin cesura en un conglomerado nuevo, al que instituyen soberano. Claude Levi-Strauss, que, como Musotto, en un viaje de extrañamiento y anclaje al Brasil forjó sus armas conceptuales, llamó a esa operación pensamiento salvaje, y le atribuyó poderío de construcción y ordenamiento material de las culturas. No otro es el anhelo de este músico nacido y criado en la Argentina, viajero trasplantado en quien todo Brasil, la experiencia sensual de transformación personal del propio cuerpo místico que supone el viaje, resuena bajo la forma de música con aires de redención.

Musotto opera con paradojas. El isomorfismo que entabla el wah-wah del Berimbau con los leit - motivs propios de la música electrónica diseñada para percutir como un mantram el ritmo monótono de las discotecas, adquiere el aire enrarecido de la imitatio direccionada hacia la parodia; pero al mostrar su raíz ancestral en el timbre claramente diferenciado, materialmente perceptible como proveniente de la acústica natural, selvática, se vuelve plenitud. En Sudaka campean músicas encontradas, como los objets trouvées surrealistas, que emulan el arte puesto de manifiesto en el oficio del botellero cuya voz aparece como emblema de la operatoria de ensamblaje de Musotto. Se conforma así un mapa de lecturas musicales que nos ofrece articulado en colage , pleno de inversiones de sentido: asistimos a un doble juego en el que las sonoridades naturales son producidas electrónicamente y las propuestas electrónicas desnudadas en su carácter de segunda naturaleza al ser contrapuestas a los sonidos que las fundan; la naturaleza imitando al arte, éste volviéndose nuevamente naturaleza endemoniada -en el sentido griego del término: habitado por daimones, por entidades con potencia soberana e inspiradora-; he aquí la vitalidad de este texto para oír.

Uno de los mitos recurrentes que habitan el imaginario de Musotto es el del bandidismo rural del Sertao nordestino, forma pre-revolucionaria de la violencia, que en Lampiao y sus seguidores tuvo su momento álgido. Toda la crudeza de la vida gaucha del nordeste brasilero se muestra entrelazada en los sonidos con cadencia irónica del esforzado saxo tenor del mítico Gato Barbieri que se arrulla como una glosa al pie del cantar acerca del matador dos cangaçeiros,   Antonio das Mortes. Esa relación con la tradición, de remozamiento, de relevo dialéctico, no de superación negadora sino de integración a nuevos formatos mediante la apropiación tecnológica y la puesta en escena en un nuevo marco estético, remeda la lógica de la cita, y hace refulgir con una cierta aura mística resignificada los registros asordinados, languidecientes, de un universo que adquiere nueva vitalidad. En suma, Sudaka es invitación a rememorar y anuncio de redención, es cita con los muertos y profecía, y es, ante todo, una   fiesta sonora sin par.

<empty>
<empty>